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EL EMOCIONISMO DE ESPINOSA

Javier Jiménez Canales



Vincent Van Gogh se ha paseado por la sala de exposiciones de Cajamurcia, dónde había sido invitado por espinosa a la presentación de su obra, con la que quiere instaurar un nuevo estilo que ha bautizado con el nombre de emocionismo. Desde el lugar dónde Van Gogh habita, ha viajado y se ha parado delante de cada cuadro para ratificar la propuesta de Espinosa de que el emocionismo, que ahora nace, es un estilo definido como un sentimiento que va de dentro a fuera, transmite y manda emociones, agrupando en este movimiento, a todos los que tienen buen gusto por la pintura, unos creando y otros viendo el arte, tanto los que entienden que el arte somos nosotros mismos y los que pintan como si soñaran despiertos, recuperando ante todo el buen gusto y el amos por las cosas bien hechas.

A Espinosa le salen sus obras partiendo de sus emociones, porque son humanas y sin ellas no concibe ni la pintura ni el arte, y sus emociones son la mucha gente que le quiere, que le sigue y que le rodea, y a la que debe la inspiración de su obra. Por ello su pintura tiene un sentido de una expresividad plena, creada a partir de tomar el óleo y el acrílico con las manos, como pintó el primer hombre, y mezclando, y trasladando a sus lienzos, haciendo de sus dedos pinceles, logra producir unos efectos que al ser contemplados con diferentes luces, muestran paisajes totalmente diferenciados, como si de distintas estaciones del año o momentos de luminosidad del día se tratara, puesto que saca colores, tonalidades y matices del cuadro que no se aprecian a simple vista, dotándole de vida y de movimiento, que llega con facilidad al público.

Generalmente paisajista, sus cuadros encierran muchos temas, de tal forma que cada obra está compuesta por múltiples escenas que por separado, podrían constituir un único cuadro. La luz tenue que le ayuda en sus creaciones, la cercanía al lienzo que le produce el escaso uso del pincel o la paleta, da como resultado una íntima relación entre el artista y el cuadro, que se transmite recíprocamente y con fuerza entre el cuadro y el público, puesto que, en palabras del artista, “el lienzo es una carta de amor entre el artista y el espectador”.

La figura humana pierde presencia, se empequeñece ante la globalidad del cuadro, que aparece cargado de pintura para buscar en este exceso, las diversas profundidades de la masa que se mezcla en el lienzo, dando el resultado mágico de colores hermanados y fundidos donde el blanco o el color azul de las marítimas, y los amarillos y rojos de los paisajes se vuelven, se presentan circunflejos, indicando la dirección de la mirada, unas veces a la figura del sol como origen de la expresión de los cuadros y el símil de la vida, y otras al cielo, al fondo de una calle o a una flor, o a donde el espectador intuya el mensaje codificado de esta relación amorosa.

El Van Gogh del siglo XIX autoriza el emocionismo de espinosa del siglo XXI, pues representa la reivindicación de la injusticia que sufriera el artista del impresionismo.

Fundación CajaMurcia. Cedaceros, nº11. Hasta el 30 de mayo.